1. La fuerza de voluntad no es "algo negativo": es un modo concreto de querer con la voluntad. La dificultad está en considerarla como el único modo de querer. ¿Cómo distinguirlos? Lo veremos.
2. Esto implica que ha diversos modos de querer. También se ha considerado este tema desde otra perspectiva: "tipos de amor". (¿Dónde ubicamos el "fechazo"? eso habrá que considerarlo)
3. Entiendo que toda reducción es negativa en este ámbito: el hecho de que haya distintos tipos de amor y de que estos sean "jerarquezables" -más o menos intensidad personal- no implica que deban desestimarse los inferiores. Sería como desestimar la visión para valorar la imaginación o la inteligencia: cada cosa en su sitio.
4. Por tanto, podemos llamar amor a muchas realidades humanas, aunque convendría poner "apellido" a esos amores: afecto, amistad, eros, caritas.... -así los denomina Lewis-.
5. Apareció después la cuestión de la reciprocidad. Y desde aquí hemos llegado a Dios mismo por un lado y a la cuestión del divorcio por otro.
Todo esto forma un coctel considerable.
Para poner algo más sobre la mesa, os traigo el texto que comencé a leer en clase. Es complejo en la redacción pero, a medida que avanzo, más certero me parece. Entiendo que si alguien ya ha dicho algo... habrá que tenerlo en cuenta. El autor es Jorge Mario Posada y se trata de un artículo publicado en Miscelanea Poliana nº 20 "Consideraciones en torno a lo distintivo entre el amar y el querer.."
"De entrada es viable distinguir el amar y el querer puesto que el querer “se dirige” a bienes, y el amar sólo a personas; de donde una persona solitaria puede querer bienes, pero no cabe amar en soledad, (...); según lo que, por lo demás, el amor es inseparable de la amistad, mientras que el querer puede llevarse a cabo sin ella.
Asimismo se distinguen el amar y el querer puesto que, incluso si en ambos se involucra la intelección, de distinto modo se “dirige”, al amar, una persona a otras, que, al querer, a los bienes, pues al amar da o acepta, mientras que al querer sobre todo intenta. Y ni el dar ni el aceptar son, ni han de ser, intentos, pues sobrevienen sin supeditarse a ningún logro o resultado, por más que, al amar, mediante el dar se confía en la correspondencia amorosa, cifrada en aceptar tanto como en retribuir” el dar.
A su vez, según el aceptar, por así decir, se “instaura” el don, como amor, de manera tal que, sin estribar en resultado alguno, ni en obra, del dar o del aceptar, es un señalado vínculo entre personas, lo que de suyo no sobreviene según el querer, o no sin que sea “asumido” por el amar."


