lunes, 3 de marzo de 2008

El obrar sigue al ser


En clase hemos pasado la barrera de la distinción entre “vivo” e “inerte” a la distinción entre los “tipos de vida”.





A este respecto, en un comentario un alumno puso el dedo en una importante llaga. Planteaba que, frente al absolutismo de la inmanencia –que llevó a algunos de vosotros a sugerir que “somos” lo que hacemos, o que “nos hacemos”- tendríamos que plantearnos que algo somos antes de comenzar a “construirnos” con nuestras propias decisiones.

La cuestión es: ¿somos “sólo” biografía?

Si fuera así, nuestro crecimiento no tendría más punto de referencia que nuestra simple voluntad. Si hacemos “lo que sea”, simplemente estamos “construyendo” nuestra identidad. Entiendo que además de falsa, esta afirmación está llena de riesgos vitales –obviamente vivir en falsedad es un problemón-

Esta afirmación posee -AL MENOS- dos inconvenientes:

1. Parece que, de hecho, el fracaso es posible; es decir, que la “construcción de la propia biografía” puede ser medida desde fuera de ella misma. Existe algo previo a la biografía que mide y contrasta el acierto y el error.


2. Parece que, realmente, el obrar de cada ser vivo –ahora extiendo el argumento- no es ilimitado en sus posibilidades. Parece que el obrar de cada tipo de ser vivo es distinto, sustancialmente distinto, y que esto depende de la respuesta que se de a la pregunta “¿qué es esto?”. En efecto, atendiendo al “modo de ser”, podemos prever el “abanico de posibilidades del obrar”, no así las operaciones concretas que realizará cada uno de los seres vivos en particular.